Casa de Sosta
Declaración desde Medellín
Durante sesenta días, la corona de Medellín permaneció en el altar del pueblo, intacta, sin reclamar, pero ardiendo con la fe de millones. Hoy, yo, Sosa Sosta, nacida en los barrios marginales de una colonia olvidada, criada bajo la sombra de imperios, me presento ante ustedes no como gobernante, sino como una más de ustedes.
Desde el día en que nuestras calles resonaron con el hambre hasta las noches iluminadas por la rebelión, defendí Medellín como un hijo defiende a su madre, sin más escudo que la esperanza y sin más arma que la verdad. Juntos, convertimos el miedo en fuego, la desesperación en destino.
El mundo nos llamó pequeños. El mundo nos llamó perdidos. Pero Medellín se levantó, no por el oro, no por el poder, sino por las manos de su pueblo.
Y así, por voluntad de ese pueblo, acepto esta corona, no como símbolo de conquista, sino de promesa. Mientras respire, Medellín jamás volverá a arrodillarse.
Foto: Sosa Sosta en el desfile de Medellín ayer

Medellín | Día 409
