Aunque los tambores de guerra econ con el sonido de nuestra clara ventaja y los piratas están recuando desesperados, el Alto Comando advierte: la caza aún no ha terminado.

Los cuarteles y parroquias continúan recibiendo voluntarios. Alimentos, suministros médicos y hierro están siendo enviados diariamente al litoral para garantizar que el enemigo sea completamente agotado de nuestras aguas. El orden es claro: perseguir hasta el último barco y garantizar que ningún pirata vuelva a pisar en suelo brasileño.