Bienvenido a Eclesiar: el juego donde siempre se pudre todo
Bienvenido a Eclesiar, un juego tan complicado como desesperante, donde cualquier excusa es buena para arrancar una guerra y nadie está completamente a salvo. Acá no hay descanso: si no estás atento, te pasan por arriba.
Al principio, las mecánicas pueden parecer un quilombo, pero tranqui: después de un rato le agarrás la mano y te das cuenta de que no era tan imposible como parecía. Lo más interesante es que cada jugador tiene que encontrar su lugar en este mundo medio caótico.
En Eclesiar podés ser de todo un poco:
un soldado que se la banca defendiendo la patria,
un mercenario que va donde haya plata y tiros,
un empresario que mueve recursos y siempre sale ganando,
un líder que toma decisiones pesadas y carga con el destino de una nación,
o un crack de las finanzas que vive del mercado, comprando acciones y monedas como si estuviera en la Bolsa.
No todo es guerra y tiros: la economía, la política y las decisiones pesan tanto como las armas. Acá, una mala jugada puede salir carísima, y una buena te convierte en leyenda.
En resumen, Eclesiar no es un juego para tibios. Es intenso, exigente y te obliga a pensar cada movimiento. Si te gustan los desafíos, el caos y los juegos donde siempre puede pasar algo, este mundo es para vos.
Primeros pasos para no comerte el garrón de entrada
Antes de cebarte y flashear que vas a ser el capo del servidor, bajemos un cambio. Arrancás siendo pobre, nivel bajo y totalmente desconocido. Nadie te registra, no tenés un mango y, básicamente, sos un NPC más. Pero ojo, no te hagas drama: todos arrancaron igual, incluso los que hoy mandan.
Por suerte, Eclesiar no es tan botón. El juego tiene varias formas de ponerte al día bastante rápido, así que con un poco de paciencia dejás de ser relleno y empezás a existir. Eso sí, todo a su tiempo.
La posta desde el minuto uno
Tu primer gran objetivo es llegar al nivel 7. No es capricho: ahí se habilitan las guerras posta y el mercado monetario, dos cosas claves sin las cuales estás jugando el modo demo.
Después viene la siguiente meta: el nivel 10. Ahí ya entrás a los eventos del juego, donde todas las semanas tiran premios bien jugosos. Plata, recursos y alguna que otra alegría para dejar de rascar el fondo del tarro.
¿Cómo subir sin morir en el intento?
Al principio no hay mucha magia. La única manera de subir es meterle a las guerras de entrenamiento. No son épicas ni gloriosas, pero sirven para farmear experiencia, entender cómo va la mano y no mandarte cagadas cuando lleguen las guerras de verdad.
En resumen: bancátela un poco, jugá inteligente y no te apures. En Eclesiar, el que arranca despacio pero con cabeza, termina arriba.

Cada vez que metés un golpe en una guerra, ya sea a mano limpia o con fierros, sumás 1 punto de experiencia. Así de simple: pegar = subir. No hay truco escondido.
Y ojo con esto, porque cada vez que subís de nivel te cae 1 moneda de oro y, con un poco de suerte, también podés ligar objetivos especiales, como los famosos botiquines. Estos son oro puro en las guerras grandes, así que consejo de amigo: guardalos y no los quemes al pedo.
En la esquina superior izquierda de la pantalla podés ver cuántos puntos de experiencia te faltan para subir de nivel. Por suerte, en los primeros niveles el juego es bastante generoso y te pide poco, ideal para agarrarle ritmo sin sufrirla demasiado.
Conclusión rápida: pegá, subí, cobrá y guardá los botiquines. Después me lo vas a agradecer.

Paso 2: llega el famoso “plan social” de arranque
Como al principio subir de nivel cuesta más que llegar a fin de mes, el juego —muy a lo argentino— le da una mano a los recién llegados con un paquete de ayuda básica. Sí, el Estado Argentino de Eclesiar aparece temprano para que no quedes totalmente a la deriva.
Para conseguir armas y comida, solo tenés que escribirle a @DRAKSOUL y mandarle tu ID del juego. Con eso, te hacen llegar los recursos necesarios para empezar a moverte un poco mejor.
No es una fortuna ni te va a convertir en millonario de un día para el otro, pero alcanza para no arrancar en bolas y dar los primeros pasos sin sufrirla tanto. Después, ya depende de vos cómo administrás esa ayuda… como en la vida real.
Eclesiar no es un juego para apurados ni para los que quieren todo servido. Arrancás desde abajo, remándola, aprendiendo a los golpes y tratando de no fundirte en el intento. Pero si algo nos enseñó la historia argentina es que siempre se puede remontar, incluso cuando el panorama parece complicado.
Con un poco de paciencia, algo de estrategia y sabiendo cuándo avanzar y cuándo frenar, este mundo puede pasar de ser un caos total a una oportunidad para crecer, hacerse conocido y dejar de sobrevivir para empezar a jugar en serio.
En el próximo artículo de El Faro Argento, vamos a meternos de lleno en el laburo en Eclesiar: cómo conseguir trabajo, qué conviene agarrar primero y cómo empezar a generar ingresos sin quedar atrapado en la pobreza eterna. Porque en este juego, como en la vida real, sin laburo no hay futuro.
Continuará… 🇦🇷🔥
Antes de despedirnos, desde El Faro Argento queremos darle un gran agradecimiento a @DARKSOUL (ARGENTINA). Este primer artículo se hizo posible gracias a una publicación suya, que nos sirvió de guía y nos dio el empujón para arrancar con esta serie sobre Eclesiar.
¡Gracias por compartir tu experiencia y ayudarnos a que cada argentino pueda entender mejor este juego caótico y divertido! 🙌🇦🇷
